2 de febrero de 2014

Metamorfosis

"En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y van cogiendo peso para la vendimia" John Steinbeck

El debate de las consecuencias del cenit de producción e incluso del agotamiento de un recurso fósil no es una novedad. A medida que el mundo desarrolló la explotación de estas fuentes energéticas se analizaban estos asuntos, aunque a un nivel mayoritariamente académico. Los expertos en geología y recursos energéticos hace décadas que vienen advirtiendo que la generación de comienzos del siglo XXI habría de enfrentarse a ese momento.

Fuente: blogdeluis.com

La oportunidad de disponer de un recurso energético tan eficiente como el petróleo crudo, ha permitido parte de los profundos cambios que ha experimentado la humanidad en el último siglo. Está presente en casi todo lo que utilizamos en nuestras vidas y es la fuente de energía que mueve el 95% del transporte mundial. Esto nos da una ligera idea de la enorme dependencia del oro negro que tiene el mundo en su actual concepción.

En la sociedad occidental, el período posterior a la Segunda Guerra Mundial fue de crecimiento y prosperidad. Se afianza el estado del bienestar y crece la fe en la capacidad de un continuo progreso humano. El objetivo es conseguir una parte del pastel sin cuestionarse la existencia de límites en su tamaño. Pero este acelerado crecimiento de la energía per cápita llegó a su fin con la crisis energética de 1973, cuando se unen el efecto de la llegada al cenit productivo de los EEUU y la muestra de poder de los países pertenecientes a la OPEP a través del control de la oferta y los precios del crudo.

Después de la segunda crisis del petróleo en 1979, el debate sobre la próxima transición energética se intensificó. La contracción económica producida por estas crisis energéticas, que no se veía desde la Gran Depresión de la década de 1930, había reducido la demanda y, consecuentemente, los precios de la energía y los recursos naturales. En los países ricos la conversión de petróleo a gas y la utilización de la energía nuclear para la generación de electricidad ocasionó en un principio una menor demanda de petróleo. Se aumentó la eficiencia energética en los vehículos y en los procesos industriales. Otro acontecimiento importante fue la producción de los nuevos yacimientos de petróleo súper gigantes en el Mar del Norte y Alaska, que redujeron la dependencia occidental en la OPEP y desplomaron el precio del petróleo. Los valores de otros productos básicos siguieron la tendencia a la baja establecido por el petróleo, porque la energía barata podría utilizarse para sustituir otros productos necesarios. 

Las economías de los países ricos se vieron impulsadas además por dos circunstancias importantes. El cambio de la política económica keynesiana por el pensamiento impulsado desde la Escuela de Economía de Chicago por Milton Friedman, basado en el libre mercado que reduce los obstáculos regulatorios a los negocios. Al mismo tiempo, la crisis de la deuda del Tercer Mundo en los países en desarrollo provocada por el colapso de los precios de las materias primas no detuvo el flujo del pago de intereses a las arcas de los bancos occidentales. En línea con la nueva ideología de libre mercado, los paquetes de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional FMI y el Banco Mundial BM proporcionaron más préstamos, y deuda, a condición de que los países en desarrollo privatizaran educación, salud y otros servicios públicos. Con el coste del petróleo tan bajo, los gúrus de la economía y la industria pensaron que el petróleo estaba en el camino de convertirse en una simple commodity que los avances tecnológicos superarían. En línea con el auge de los sistemas informáticos en cualquier proceso tanto productivo como financiero, se impone una línea de pensamiento binario, tal como bueno-malo, causa-efecto o producción-consumo. Se minimiza el impacto de saber que la deuda es un extractor de riqueza procedente del futuro, y se subestima la relación entre el dinero y la energía.


Fuente: economygeeks.com
El dinero es una reclamación de energía y recursos futuros. La deuda es una reclamación sobre dinero futuro. La deuda no crea energía, pero su disponibilidad nos permite extraer la energía existente más rápidamente. De la misma forma que la inyección de nitrógeno para mantener la presión en un yacimiento extrae más petróleo temporalmente a cambio de un declive más rápido, la deuda hace lo mismo con la economía.

La energía ha sido siempre el conductor más importante de las sociedades, pero durante los últimos 30 años hemos sido incapaces de pagar por el suministro de energía que queríamos a tiempo real de manera que hemos emitido más dinero como crédito para pagar por él, hinchando un globo financiero. No se trata de cuánto petróleo hay, sino de los beneficios que quedan a la sociedad tras los costes de extracción. En la actualidad la verdadera escasez de energía es sólo aquella que no nos permite continuar el crecimiento económico global en la forma en que nuestros políticos e instituciones esperan. Nuestro sistema basado en una alta estimulación y un alto consumo, se ha quedado sin el capital necesario para su funcionamiento, los combustibles líquidos de bajo coste.

En palabras de Nate Hagens, doctor en Recursos Naturales por la Universidad de Vermont, hay suficiente energía para una vida con sentido para todo el mundo, pero no hay suficiente energía para que nuestra economía crezca constantemente. Quizás nuestro problema no es la escasez de energía sino el exceso de expectativas. Ante el problema del agotamiento de los recursos fósiles, nos quedamos con la idea de que la eficiencia energética y las energías renovables son la respuesta a aquello con lo que nos enfrentamos, cuando el problema más urgente es nuestra dependencia de una globalización construida sobre supuestos que ya no son válidos.

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